February 16, 2014

Chandler lo comprende


Hace unos meses escribí esta retahíla. Os la resumo: venía a explicar mi frustración porque no había encontrado una novela de casas encantadas tan ingenuamente auténtica como un episodio de Scooby Doo. (Buscaba una porque, por aquel entonces, estaba escribiendo una novela de casas encantadas.) La causa es que las obras pioneras del género son demasiado anticuadas para el lector moderno y las modernas intentan evitar los clichés como si fueran algo malo. Concluí entonces que lo mismo ocurre con muchos géneros de ficción: las obras fundacionales se han perdido (o evaporado, dejando solo un recuerdo universal de lugares comunes), y la literatura para adultos se niega a darnos la fórmula pura, por considerarla poco original o pueril. (No así el cine o los videojuegos.)

Me alegra decir que hoy puedo actualizar esas ideas. Raymond Chandler has proved me wrong.



Nunca había leído a Chandler en el inglés original hasta ahora. Y casi lloro de emoción al comprobar que sólo en las cuatro aventuras del detective Philip Marlowe recogidas en este volumen ya se conserva todo el canon de la novela negra con una pureza del 110%. Todos los tópicos del género, desde la puerta con el rótulo de "Detective privado" en el cristal hasta la inverosímil afluencia de femmes fatales y gorilas con pistolas, están aquí. Sin rubor. Sin agua ni hielo. A tópico por escena.
Podría argumentarse que es así porque Chandler (1888-1959) los inventó, pero eso es difícil de afirmar. Lo que sí hizo fue aceptarlos como tópicos de entrada, no tomarse su mundo en serio. La grandeza no está sólo en el personaje de Marlowe y su universo que ya es un cliché, sino también en el estilo de Chandler, que parece tomárselo a risa. Lo escribe siendo consciente de que es pulp, entretenimiento puro, y no intenta sorprendernos con literatura. Luego es literariamente excelente, pero sin darse importancia. El sarcasmo que impregna toda la obra es lo que le da personalidad, más que si intentara vestirlo con épica impostada. Y ese barniz humorístico, además, es lo que preserva historias escritas en los años 30, haciéndolas perfectamente legibles hoy. (Es también, creo, lo que no capturaban las traducciones.) De aquí surgen todas las parodias. De aquí surgían (sin estar yo muy seguro) mis microrrelatos de Noir para El Jueves, sin ir más lejos.


Viñeta mía en no sé qué extra de EJ (2011).

Y me hace muy feliz que ese montón de lugares comunes tenga, a diferencia del de las casas encantadas, una fuente tan precisa de la que beber. Porque el género que estoy explotando en mi siguiente trabajo es precisamente este. Noir, la novela. Sigan conectados.