December 28, 2008

Cuento de navidad muy corto

El mediodía del 25 de Diciembre tenía unos minutos de sobras antes de la tradicional reunión familiar, así que he entrado en un bar de la calle América.

En el local había sólo tres personas, sentadas en torno a la misma mesa: el dueño, un parásito de bar y un niño de unos nueve años. Todos estaban atentos a la televisión, donde emitían la película Vaya par de gemelos (con Arnold Schwarzenegger y Danny DeVito).

El dueño se ha levantado para servirme y cobrarme un cortado, y un minuto después volvía a la mesa con su familia. Familia aquí quizá no es literal, pero sí apropiado. El niño tal vez fuera su hijo. Al parásito no creo que le esperasen en casa alguna para comer galets. Fumaba, bebía en vaso de tubo y comentaba risueño la película con su voz ronca de la que no entendí una palabra. Les miré mientras me tomaba el cortado, muy corto y muy rico. En vez de sobres de azúcar, a mi lado en la barra había un bol de azúcar con una cuchara y otro bol idéntico con galletas saladas. Este debía de ser el único bar abierto del Guinardó.

Hay una escena en Vaya par de gemelos en que una rubia se le insinúa a Schwarzenegger, y él no sé si es que es amnésico o qué le pasa, pero está así como atontao y no entiende a qué vienen esos calores. Cuando la rubia se acuesta junto a él —entre las sonrisas pícaras del público del bar—, Schwarzenegger le pregunta: "¿Qué se supone que tengo que hacer?" A lo que el chaval de nueve años ha respondido: "¡El teto!" Y todos han reído.

La verdad es que ha sido la escena navideña más entrañable que he presenciado en años, y me he sentido muy agradecido de haber estado en el lugar exacto y el momento exacto para vivirla. Luego me he ido con mi propia familia, pero esos minutos en el bar han sido, para mí, la dosis justa y perfecta de navidad que le pido a un 25 de diciembre, la que me bastará en años futuros, cuando no tenga adonde ir.

Merricrismas y tal y pascual.