07 septiembre 2008

Raya

Hola, soy Edgar Cantero, tal vez me recuerden de bla bla bla bla. La entrada de hoy ni siquiera tiene gracia.

Quienes me hayáis acompañado al Mond Bar alguna vez me habréis oído hablar (hasta el tedio, seguramente) de una chica a la que tengo vista por allí. Ni siquiera estoy seguro de su nombre. Repito: no sé su nombre (hablo de otras, pero de esas lo sé). Suelo describirla diciendo: "Si la miras durante dos minutos y no te enamoras de ella, no tienes corazón." Es preciosa, es encantadora, es una criatura del cielo. Es un gorrión en la mano. Es un diamante en una playa. Es el amor encarnado. Es minuciosamente perfecta.

Esta noche he oído una conversación; discutían si ir a pie o en taxi a no sé dónde; con un gesto de traviesa resolución ella ha exclamado: "¡Nos metemos una raya y vamos!"

Sé que tiene poco sentido, pero... Joder. Cuánto querría borrar esa frase.

No sé. No es por moralismo. (Pero quizá sí lo sea.) Será porque me preocupa. (Pero no debería preocuparte, porque no sabes su nombre siquiera.) Pero eso es igual, ya se sabe: me preocupa gente a quien no conozco. (Pero si no la conoces... ¿por qué te decepciona este giro en la película?) No sé. He ensayado varias explicaciones para entender por qué una sola frase suya me ha amargado la noche y no me deja dormir.

He pensado que esta faceta suya la aleja de mí, aun contra mi voluntad, como una frontera invisible, porque la marea tiende a juntarnos a los que no fumamos o a los que no nos gusta el fútbol, y ella ahora acaba de trazar un círculo a su alrededor en el que no podré entrar.

He pensado que esa nariz es demasiado bonita para que entre nada, pero eso es racionalmente absurdo.

He pensado que ella, su conducta, es absurda. Joder, ¡te pareces a Winona Ryder y eres lesbiana! ¡Es imposible molar más! Entonces, ¿por qué? ¿Qué sentido tiene? ¿Qué puede proporcionarte una dosis de cocaína?

He estado a punto (a punto, lo juro) de intervenir y decirte: no deberías hacer eso. Hubiera sido estúpido, ridículo, impertinente, incluso una falta de educación, una intromisión inaceptable de un perfecto desconocido; pero joder, tendría que habértelo dicho. Y tú me habrías respondido: "¿Quién eres? ¿Mi madre?"

No. No soy tu madre. Pero, ¿y qué diferencia hay? A tu madre tampoco le harías caso. Tu madre no puede evitar que te metas rayas. Pero tiene que oponerse. Ella tiene que decirte "no deberías hacer eso", es su obligación, y aunque no le hagas caso, sabes que ha de decírtelo, esperas que lo diga, quieres que lo diga, sería una mala madre si no lo hiciera. Yo he sido un mal admirador por no decírtelo. Y por eso me siento mal. Me siento fatal. No es tu culpa haberme decepcionado; es la mía.

Y escribo esto para ver si me desahogo. No sé si es la solución. Quizá la solución sería volver a acercarme a ti, sólo para entrar en tu círculo. Pues claro, qué cojones. Que alguien me pase un gramo, joder. Voy a meterme cucarachas por la nariz hasta degradarme al nivel de esa diosa.