Esta mañana, miro el correo y recibo un e-mail de OCBC (dicho así suena a híbrido de grupo heavy y duo tecnopop cursi, ¿eh?) anunciándome que pasado mañana se presenta mi nuevo libro.
De com la senyoreta M va fugir d'un quadre de Waterhouse i altres contes recoge la obra ganadora y finalistas del premio Antoni de Bofarull 2006. Yo quedé segundo en esa edición; el ganador, a quien debemos ese título tan molón, se llama Iago Andreu: un aplauso a la bravura que exhibe ya en la portada. El caso es que, después de que me anunciaran el resultado, no he vuelto a tener una sola noticia de Òmnium. No es raro: yo gané la edición de 2005 con 20/XX, que publicó Cossetània junto con los finalistas, y por una de esas descoordinaciones de agenda que los culpables se sacuden del hombro apelando a la máxima de "las cosas de palacio van despacio", el libro salió al cabo de quince meses de entregarse el premio. Y se presentó oficialmente tres meses después. Claro que eso último no le importó a nadie, porque no vino nadie: el bueno de Nadie tenía cosas más importantes que hacer. Y al fin y al cabo, tampoco había más prisa: al ganador le acababan de pagar el último plazo del premio (900 euros en total) semanas antes. En fin: OCBC es una entidad pequeñísima, de tres o cuatro tíos contando al canario, y tienen más voluntad que medios, así que hay que agradecerles que en esas condiciones sigan montando premios y pagándolos: paciencia, que somos escritores, no potentados.Pero que en el año pasado me hayan publicado otro cuento sin decirme una palabra hasta que ya está en las tiendas me parece digno de comentar. Como es digno de comentar que, al ser finalista y no ganador, mi premio consiste sólo en que se difunda mi obra. En otras palabras: te publicamos, te vendemos y no te pagamos. Esto es algo con lo que tragas (no tragas: cooperas felizmente) cuando eres un autor novel muy novel y estarías dispuesto a publicar pagando tú (opción posible, dicho sea de paso). Pero cuando eres un novel menos novel, o un novel que tiene que pagar el alquiler, empieza a sonar menos a ganga afortunada y más a tomadura de pellejo. No es que me haya vuelto un cabrón: es que al principio, la novedad nos deslumbra y nos calla a todos. Ahora que llevo un tiempo por aquí, me da por hablar. Por ejemplo: me apetece decir que esto de ser un autor revelación me sobrepasa. Imaginaos qué revelación: ¡publico un cuento, y el último en enterarme soy yo!
P.S.: En franqueza, lo de que soy un autor revelación no lo dicen los periódicos, sino mi editorazo. Y al editorazo no le escuchéis. Nunca. El tío es capaz de venderos las memorias de Jordi Pujol.




